La IA a menudo se presenta como un motor de eficiencia y progreso. Pero además presenta un profundo desafío de sostenibilidad.
Si acertadamente la computación de parada rendimiento (HPC) permite avances críticos en la modelización climática, el descubrimiento de fármacos y el exposición de energías renovables, consume cantidades asombrosas de energía.
El sector tecnológico ya representa más del 3% de las emisiones de gases de meta invernadero del mundo, y el rápido aumento de la IA generativa está a punto de ampliar su huella de carbono y soportar las redes eléctricas al linde. Según se informa, solo el entrenamiento de Grok-4 requirió 310 gigavatios-hora de electricidad, suficiente para respaldar una ciudad de 4.000 habitantes. Y la IA de Google podría montar a consumir tanta electricidad como toda Irlanda.
